Cuántas veces hemos sentido como si algo tan importante como nuestra palabra estuviera perdiendo valor?

Pareciera que hace un tiempo las personas confiaban unas en otras, cumplían lo que prometían y no había necesidad de firmar ningún papel, ir con un notario o tomar cosas en garantía, ya que su palabra tenía poder por sí sola.

Hay palabras que nos ayudan a construir, honrar, motivar y fortalecer, pero también hay otras que destruyen, lastiman u ofenden. Tal vez habrás escuchado que “a las palabras se las lleva el viento”, pero sorprendentemente, he conocido a muchas personas que llevan palabras negativas en lo más profundo de su corazón, como si estuvieran grabadas sobre una piedra. Aunque también es cierto que ese dolor y sufrimiento pueden terminar con otra palabra: perdón.

Cuando hablamos del perdón, un paso por el que puedes empezar es ofrecer una disculpa a tres personas a las que hayas ofendido o lastimado, verbal o físicamente, o con quien no hayas cumplido tu palabra de honor, que es lo más valioso que todos tenemos.

También es importante que te perdones por todos aquellos errores que cometiste alguna vez. No seas tu peor juez, recuerda que nosotros lo hacemos lo mejor que podemos en cada momento de nuestra vida.

Por último, perdona a aquellas personas que te hicieron algún daño. Recuerda que el perdón significa liberarse de eso que nos hace daño y es un regalo para nosotros mismos, pues nos ayuda a estar libres y en paz.

Para terminar, me gustaría compartirte la siguiente reflexión sobre el resentimiento:

“El resentimiento es un veneno que tomamos a diario con tal de matar a aquellos a quienes odiamos”.

Fíjate cómo el único que se hace daño con el rencor eres tú mismo. Dejemos nuestro orgullo, seamos humildes de corazón y empecemos a caminar cumpliendo nuestra palabra de honor.

Tu familiólogo,

Oliver Chávez