Cuando los padres me dicen que están preocupados por el mundo que les esperará a sus hijos, yo los invito a reflexionar qué hijos les están dejando ellos al mundo.  ¿Qué les hemos enseñado?, ¿qué tanto los preparamos para enfrentar al mundo? ¿qué les enseñamos que es el mundo? ¿les resolvemos todo, impidiéndoles perfeccionar sus herramientas de vida? ¿tienen límites y roles claros en la familia?

Una vez que lo analices, te recomiendo que empieces a hacer y a inculcar cuatro cosas básicas:

  1. Fomenta las muestras afectivas en tu familia, como los abrazos, las cartas, los pequeños detalles y la oración para pedir por todos los integrantes.
  2. Empieza a reconocer las cosas buenas que hacen a diario tus hijos, tu esposa o esposo; esto es vital para las sanas relaciones humanas. Tan sólo piensa cómo te sentirías si en tu trabajo, escuela o casa te reconocieran todo ese gran trabajo y esfuerzo que haces día con día.Como padre o madre, como empleado, como hijo o hija, hermano o hermana, ¿no crees que, sin duda, tu entorno familiar sería distinto?
  3. Agradece todo lo que los demás hacen por ti, ya que lo hacen con amor y no están obligados a hacerlo. Muchas veces pensamos que los otros tienen que hacer las cosas porque es “su obligación”; por ejemplo, una esposa le prepara la comida a sus esposo y éste nunca agradece por eso, o viceversa, la mujer que piensa que el hombre tiene que trabajar y dar dinero a la casa, y por lo tanto nunca le agradece todo lo que hace para que nada falte en su hogar. Imagina por un segundo cómo se sentiría esa persona a la que su pareja no le agradece por sus muestras de amor.
  4. Por último, libérate de las cosas que te hicieron daño, pues al no perdonarlas las traes al presente, permitiendo que te sigan dañando. Recuerda que el rencor es un veneno que tomamos a diario, con tal de matar a quien odiamos. De ti depende la felicidad y plenitud que quieras obtener en tu vida.