¿Cuántas veces se nos ha hecho agua la boca cuando vemos un platillo delicioso o percibimos un aroma suculento?

La sensación de hambre o antojo no inicia en el estómago, inicia en el cerebro. Tanto el gusto como el olfato tienen receptores de sabores y olores que mandan señales al cerebro para producir una alerta y activar el hambre o la saciedad.

Al satisfacer estos estímulos con la ingesta de alimentos que nos agradan, principalmente con carbohidratos o azúcares, se estimula una sensación de placer o bienestar que nos calma, ¡pero cuidado! Esta respuesta placentera te puede pedir cada vez más cantidad de azúcar para producir la misma sensación, generando adicción a los carbohidratos.

Si en este mes del amor y la amistad estás pensando en conquistar a tu pareja, ten cuidado con lo que comes. Los festejos y salidas sociales pueden estar llenas de estímulos alimenticios que te lleven a consumir más carbohidratos, generando a largo plazo un incremento en el peso corporal y poniendo en riesgo tu salud.

Hay algunas sencillas recomendaciones que me gustaría darte para ayudarte a llevar una vida más saludable: en vez de regalar dulces y chocolates, organizar salidas a comer, cenar o a tomar copas de alcohol para festejar, promueve entre tus amistades actividades recreativas, caminatas, juegos de pelota, salir a pasear en bicicleta, realizar actividades al aire libre, ir a bailar o compartir platillos saludables, que además, les ayudarán a crear momentos inolvidables y a reforzar su relación.

Recuerda que de la vista nace el amor, por lo que nosotros somos quienes decidimos qué vemos y a quién vemos, al igual que nosotros decidimos qué comemos y con quién compartimos los alimentos.

También aprovecho este espacio para desearte que tengas un excelente inicio de año, con mucho amor a tu alrededor y salud en tu interior.

Si un día tienes que elegir entre el mundo y el amor, recuerda: si eliges el mundo quedarás sin amor, si eliges el amor, con él conquistarás el mundo”.

Albert Einstein