Saturnino Herrán es uno de los renovadores del arte nacionalista en México. Nacido en Aguascalientes el 9 de julio de 1887, fue hijo de un escritor y dramaturgo, dueño de la única librería de su ciudad.

Además de haber pasado su niñez rodeado por libros y por la cultura francesa que le inculcaba su madre, Saturnino desde muy pequeño demostró su gran interés y talento por el dibujo y la pintura.

En 1903, y tras el fallecimiento de su padre, Saturnino y su familia se mudaron a vivir a la Ciudad de México, para buscar mejor suerte. Ahí, comenzó a trabajar en las oficinas de Telégrafos Nacionales y también se inscribió a las clases superiores de dibujo en la prestigiada Academia de San Carlos.

A sus 21 años, Saturnino empezó a destacar en áreas como el dibujo, historia del arte y en las numerosas exposiciones colectivas en las que presentaba su trabajo. Fue premiado a muy temprana edad por la Inspección de Bellas Artes y Artes Industriales, así como por la Inspección de la Enseñanza Musical.

En 1907 comenzó a desempeñarse como dibujante del Museo Nacional y dos años más tarde como profesor Interino de Dibujo en la Academia de Bellas Artes. Fue en este periodo que Saturnino realizó importantes obras, como “Criolla con rebozo”, “Molino de vidrio” o el tríptico “Leyenda de los volcanes” (un tríptico es una obra que se divide en tres secciones o paneles).

En sus pinturas, Saturnino logró plasmar la inestabilidad económica y política que invadió a México con la Revolución Mexicana, pero también los temas que más le preocupaban personalmente: el envejecimiento y el rito religioso que combinaba las tradiciones prehispánicas con las coloniales. Así, supo reflejar las costumbres cotidianas del pueblo mexicano, diversos estilos de vida y de estados de ánimo, lo que le permitió enfocarse en grupos de personas que hasta entonces habían sido ignorados por los pintores y las corrientes artísticas de su época.

En 1915 fue nombrado profesor titular de la cátedra de dibujo al desnudo, al tiempo que impartía clases de dibujo en la Escuela Nacional de Maestros. En 1918, Saturnino comenzó a pintar “Nuestros Dioses”, la que sin duda alguna sería la más significativa de su carrera. Sin embargo, sólo pudo terminar la primera parte del tríptico que la compondría, pues falleció a los 31 años.

Aunque en vida no realizó una exposición individual con sus obras, un mes y medio después de su muerte sus amigos organizaron una, como un homenaje en su honor. Saturnino es considerado como un precursor del muralismo mexicano y fuente de inspiración para la Escuela Mexicana de Pintura.