Hace mucho me contaron una fábula que hoy deseo compartirte: en una ocasión un perro buscaba refugio para cubrirse de la lluvia. Buscó por un largo rato hasta que encontró un hueco para entrar a una casa y decidió resguardarse ahí dentro.

Al ingresar se llevó una gran sorpresa, pues encontró que dentro había otros mil perros como él. Éste perro se sintió amenazado al mirar a tantos y empezó a ladrarles, así que los demás perros le ladraron también; comenzó a gruñir y los otros le gruñeron de regreso. El perro salió de ahí y se dijo a sí mismo que jamás regresaría a ese lugar, pues era un sitio muy hostil.

En otra ocasión, otro perro que pasaba la misma situación se encontró también con ese sitio y decidió ingresar en él. También para él fue una gran sorpresa encontrarse a otros mil perros adentro, pero se emocionó y empezó a moverles la cola. Los otros perros también movieron su cola y, cuando él brincó de alegría, los demás le devolvieron el brinco al mismo tiempo. Al terminar la lluvia el perro salió muy contento, pensando en visitar más seguido ese lugar.

Lo que ninguno de los dos perros de la historia vio, es que afuera de ese lugar había un letrero que decía “La casa de los mil espejos”.

La moraleja es que nosotros somos los responsables de nuestra vida. Si le sonreímos, ella nos va a sonreír, pero si la rechazamos, obtendremos rechazo.

Procura que, a pesar de lo difícil, tu actitud sea positiva ante todas las dificultades. Recuerda que no es grande el que siempre triunfa, sino el que jamás se  desalienta; suelta todo aquello que te trae infelicidad, para que puedas mirar hacia adelante, pues sólo así serás capaz de ir avanzando y, cuando menos te lo imagines, podrás darte cuenta que habrás llegado aún más lejos de lo que te imaginabas.

El pasado no se puede cambiar, pero siempre podremos aprender de él, recuerda que no estás solo o sola, y que siempre hay una esperanza.

Con cariño, Titino